viernes, 24 de junio de 2011

abue [06.13.2011]

“Ojalá no la tenga que ver nunca así”. Esa frase quedó resonando en mi cabeza; se repetía como tratándose de un eco, pero en vez de desvanecerse, se reproducía y ramificaba como un fractal mental.

Es verdad, yo nunca hubiera deseado verla así, era mejor para mí mantener el recuerdo de la fortaleza de su persona. Pero aunque no la vi, la imaginé. Demacrada, postrada en su cama, débil como lo más que pueda uno llegar a estar. Y la imaginé durante días y noches, y con cada vez me invadían la ira y la frustración de ser un espectador imaginario de un evento tan real que carcomía mi tranquilidad.

Después de un tiempo [de sufrimiento] por fin partió. Aunque su semblante cambió drásticamente, su fuerza interna se mantuvo hasta el final. Sé que sufrió y maldigo en mi interior por ello. No fue justo.

Hasta siempre.