viernes, 26 de julio de 2013

un adiós [07.26.2013.1943]



No necesité más amor que el de mi madre. Es verdad. No necesité más.

El de mi hermano lo disfruté el tiempo que lo tuve. Mi hermano… Él fue incondicional. Hasta que perdió la inocencia. Digo, sus ojos comenzaron a brillar por lo que encontró afuera de la casa y se opacaron acá adentro. Y se fue. No lo culpo. Cada quien hace lo que debe. Él es él y no lo culpo.  Es como si nos hubiera perdido el amor…dicen que las cosas pasan por alguna razón... O simplemente le cambió; no sé. Tal vez se perdió la incondicionalidad de lo que es un amor de hijo, un amor de familia, qué se yo. Como sea, no importa… imagino que tenía que pasar... No dejará de ser mi hermano. No… fue mejor así, retener a la gente es… Espero que algún día vuelva; que se acuerde de.

Mi mamá… ¡cómo no amarla! Cómo no adorarla. Cómo no sentirme culpable por verla acabarse con cada día que pasaba, con cada amanecer, con cada necesidad mía. Cómo no sentir ira conmigo por verla a mi mamita tan adorada desgastándose por mi culpa. ¡Ella sola!… por mi culpa. Mi mamita, tan adorada, ¡tan fuerte en su fatiga! Nunca quise que pasaras por tanto tanto tú sola. Pero sé que lo has hecho, y que ha sido con todo el cariño, con todo el amor. Te lo agradezco, de veras que sí. Sé que lo veías en mi mirada ¿cierto?

Es difícil saberse condenado tan rápido y que se acabe todo tan pronto porque el mundo se limita y se va achicando. Porque se me volvió una miniatura de cuatro por cuatro y porque si hubiera tenido alguna posibilidad de agrandarlo, el tiempo sería insuficiente. Ya lo es; pero no estoy para quejarme. Ya acepté mi suerte y estoy tranquilo porque disfruté lo que tuve y porque por fin, en medio de un dolor que espero no le dure para siempre, ella va a ser libre como se lo merece.