martes, 15 de octubre de 2013

cuento {tres_llamadas_perdidas}[tratamiento#2-fragmento]

Unos pocos rayos develaban tenuemente la palidez de la cantera que se ve desde el balcón, y en su puerta, reflejaban otros más débiles que golpeaban a León y lo bosquejaban entre las últimas sombras de la madrugada; se notaba vagamente el peso de las noches en sus párpados hinchados. El golpeteo mecánico de las picas y escodas, y el zumbar de la maquinaria no había comenzado aún. León solía disfrutar esa melodía monótona que lo arrullaba luego de despedir a Esther para el trabajo; le gustaba acertar en los cambios del tempo de los golpes, previos a la hora de almuerzo y entre las cuatro de la tarde y el final de la jornada, cuando el agobio comienza a azotar la voluntad de los trabajadores. Hacía un tiempo que no caía en la cuenta de ello. Había perdido el interés.

Sentado en la sala, haciendo girar su celular sobre la mesa, escuchaba caer el agua en el baño. Debía de desprenderse de la ducha y golpear delicadamente los hombros desnudos de Esther, deslizarse sobre sus senos y sumergirse en su ombligo; bajaría por sus muslos, recorriendo todas sus piernas hasta morir en el desagüe, extasiada, como él.