martes, 20 de mayo de 2014

prueba [tratamiento#2]

¿Cómo se lo explico? ¿Usted ha sentido que le rasgan la garganta en vertical? ¿O que le arrancan el estómago? No, no como un dolor normal o un cólico, es una sensación de vacío ahí donde debe ir el estómago ¿Ha sentido que su corazón no aguanta más y se va a parar? Pero no por cansancio, no es eso, es una ansiedad que lo golpea, que lo lastima y lo siente agitado y, si se mira las manos, las va a ver temblorosas aunque realmente no lo estén; se lo aseguro. Es una frustración que se le quiere salir de un grito, de uno que no se acabe nunca, porque usted no quiere que ese grito termine, quiere morirse con él porque sabe que si no se muere en ese instante, se larga a berrear como un niño de brazos y ese lloriqueo aumenta la frustración, el vacío, la impotencia por la nada; usted de veras añora que ese grito no termine porque cuando suceda, va a querer ir por una pistola para pegarse un tiro, o amarrarse una soga en el cuello. Se lo aseguro que no quiere que se acabe, ni siquiera que comience, como a mí, que ya se hizo inevitable y ni tengo soga o pistola, pero sí un balcón que me está invitando a saltar; se hizo inevitable porque cuando termine de hablarle, no me va a quedar nada más: esto es lo último, lo único. Entonces esto es algo así como una despedida, y le tocó a usted.

Lo lamento si le molesta o si lo hace sentir mal, créame, no es mi intención, usted nada tiene que ver, pero no hubiera podido encontrar alguien mejor para desahogarme; usted, la persona perfecta, la víctima si lo quiere ver así. Y de verdad lo siento, pero es el riesgo de toparse con extraños. No, no es necesario que intente hacerme hablar de más, no es su obligación ni mucho menos, usted no se preocupe por eso; le prometo que no lo hago responsable de lo que suceda porque ¿qué culpa tiene de estar en estas? Nadie podría culparlo; aún si partiera ya, nadie podría hacerlo, yo dejaría por escrito que nada tuvo que ver… si tuviera cómo. Se lo aseguro. ¿Tiene pluma y papel?

miércoles, 14 de mayo de 2014

cuento {sintitulo(aun)}[tratamiento#4-fragmento]

La aguja se zarandea y palpa delicadamente entre los surcos, cada sima, cada pico. Acaricia con gentileza el vinilo y lo descifra golpe tras golpe como leyendo en braille. Viaja estática en una espiral descubriendo la historia de una veleta que se carcome en el olvido. Y la historia, entre cuasi imperceptibles siseos, se apodera apaciblemente de las habitaciones dejando el rastro de la brisa mediterránea que estremeció a la veleta y luego la corroyó con su ausencia. El sol irrumpe a tientas por entre las celosías y expone de manera mediocre, un regordete sofá de terciopelo verde –ajado y moteado por los inexorables hábitos de un felino– que disimula su cojera con un pequeño arrume de revistas y libros de bolsillo; al frente, un pequeño televisor gris que descansa sobre un mueble sostiene detrás suyo, como un par de cuernos metálicos que se yerguen dubitativos hacia el techo en un ángulo obtuso, una antena doble de aire rendida al ajetreo en su juntura, por la mala recepción de la señal. Bajo el sofá que descansa frente al televisor, bajo la mesa magullada y polvorienta e impregnada de refresco y leche seca y llena de revistas rasgadas con artículos triviales que está entre el televisor y el sofá, y bajo el mueble improvisado que sostiene al televisor, yace una alfombra del color sucio del invierno de la que se desprenden infinitas partículas diminutas excitándose ocasionalmente con el compás de los graves.

lunes, 5 de mayo de 2014

Tautología de una madre


Agosto 15 2012.

Esta semana volví a soñar con usted mijo, y desde eso me siento otra vez en la sala cuando termino los quehaceres en la casa, me siento a tejerle un saco que llevo por la mitad. Ya no sé cuántas prendas le he tejido esperando a que venga por ellas, así sea para eso no más que vuelva.  Me quedo tejiendo hasta las doce más o menos y de cuando en cuando miro por la ventana, casi segura de que no lo voy a ver allá afuera pero no se me muere la esperanza de que de pronto esté usted por ahí; no de que vaya a tocar la puerta pero que de pronto esté cerquita mirando para acá con ganas de venir a saludar o de volver para quedarse.  Su papá antes se molestaba mucho porque me quedaba hasta tarde tejiéndole; usted sabe cómo es él, orgulloso, como usted, salieron igualitos; pero a él el corazón se le ablandó mucho y lo he visto pararse en la puerta mirando hacia todos lados. Yo sé que buscándolo. Y hubo un tiempo en que salía dos o tres veces a la semana para el centro, por la zona donde duermen los vagabundos, lo sé porque Amparito, la mujer de don Tulio lo vio varias veces por esos lados y me contó; me contó que se la pasaba por allá horas y horas dando vueltas y hablando con mendigos y mostrándoles lo que, piensa ella, era un foto suya. Eso sucedió en la época en que Francisco, el primo de Rubi lo vio a usted, mijo, o eso dice él, que lo vio todo andrajoso durmiendo en una acera hace dos años ya. Él contó que al principio no lo reconoció pero que le resultó familiar, y luego se acordó de su cara, pero como iba en bus apurado para el trabajo, no tuvo manera de devolverse. Su papá lo quiere mucho a usted y no lo olvida ni por un momento, es más, últimamente se le nota más ensimismado y hasta amargado y lo veo muy desmejorado de salud  pero se hace el fuerte conmigo, ya le diré por qué. De verdad lo quiere mucho, no le quite la oportunidad de arreglar las cosas antes de que sea tarde.

Yo no sé cuántas cartas le he escrito ya, ni sé cuántas veces le pude haber repetido lo mismo entre una y otra, pero siento que debí hacerlo. Ni siquiera sé si llegue el momento en que usted lea esta carta o las demás, yo espero que sí y por eso las escribo, para comunicarme con usted de alguna manera, para que sepa que yo nunca lo olvidé ni lo voy a olvidar, que yo nunca voy a dejar de quererlo y que su papá tampoco. Pero más que esperar a que llegue a leer esto, espero que volvamos a vernos, que podamos volver a comer los tres juntos como una familia, que en esta casa se vuelva a escuchar una risa, se vuelva a sentir alegría porque ya se nos olvidó cómo es eso. Yo todavía le tengo la habitación como la dejó; vuelva con nosotros mijo, o llámenos, déjenos saber de usted que el desasosiego por no saber nada nos hace todo más pesado a su papá y a mí y se nos acaba el tiempo, y yo sé que nosotros le importamos, que usted no nos ha olvidado, yo no puedo desaferrarme a esa idea mijo porque si lo hago no me queda sino la amargura.

Yo no sé si pueda terminarle el saco ni sé si pueda escribir otra carta o sentarme de nuevo en la sala para ver si usted está por ahí. Mi salud está muy mala y sé que es grave, pero no he querido contarle a su papá aunque estoy casi segura de que él o sabe o se lo imagina y que por eso no me demuestra debilidad ni achaques. Yo voy a intentar terminarlo y las cartas se las voy a entregar a Luz Beatriz en caso de que usted llegue a comunicarse con ella. Si no puedo tenerlo cerca de nuevo en vida, sólo espero que cuando me esté yendo, pueda yo soñarnos a los tres juntos en el comedor desayunando el calentado que tanto les gusta a usted y a su papá y estemos felices una vez más, como antes. Lo quiero mijo, su papá y yo lo amamos.

Lo seguimos esperando, siempre.



Creación en conjunto con Eliana Jaramillo Gaviria.

Aparece en la revista Binarius de la Universidad EAFIT: http://bdigital.eafit.edu.co/binarius/binarius_3/index.html#/70/

Foto: Eliana Jaramillo Gaviria.

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