lunes, 21 de julio de 2014

Feliz viaje

A Yhorman Gelvez.


Había una tienda ubicada al lado de una autopista que parecía atravesar al mundo en el que me hallaba. El sol permanecía estático, casi tocando el cénit y una brisa arrastraba lejos su furia, dejando sólo un brillo estético tras la caricia marina. Pedí un cigarrillo; la llama del encendedor se mecía y comenzó a consumir los primeros trozos de tabaco y papel cuando le di un pitazo fuerte, queriendo succionarle la vida. Los ojos cerrados.

Desde el sur –desde donde yo había llegado–, sentí un zumbido suave; se incrementó de a poco y se sostuvo un momento que pudo ser toda una existencia, luego aumentó y se convirtió en una mancha color naranja perlado que se materializó en un aventador, y paró frente a mí, en el camino. Me miraste con tu cara redonda y sonreíste. Boté el cigarrillo y me acerqué.

Hacia el horizonte, al oeste, una extensión infinita de tierra. Y más allá, el mar; lo sabía porque escuchaba a las olas atacar las rocas unas veces y acariciar la arena de la playa, otras. Hacia el norte, un valle, tu destino. El polvo se levantaba arremolinado entre zumbidos. Te pregunté para dónde ibas; me dijiste que atravesarías grandes campos primaverales en los que la luna es tan brillante como el sol y su luz tan perfecta y delicada, que puedes ver las estrellas titilando, como pequeños corazones resplandecientes, agitadas por la negrura de su soledad inmediata; también mencionaste angostos caminos serpenteantes, rodeados por árboles cuyas hojas caídas ocultarían tu destino bajo un sol otoñal; y mares tan cristalinos que solamente la sensación de frescura en tu cuerpo indicarían que te sumergiste en ellos, porque a simple vista, los peces parecen exóticas aves tropicales de bajo vuelo. Finalmente me hablaste de un lago gélido al final del mundo; un sitio tan callado, apacible, que ni el agua se atreve a murmurar cuando lleva a cuestas la escarcha derramada por los glaciares; un lugar, donde me dijiste, pensabas encontrar un poco de paz.

Te miré una última vez y te envidié ¿Sabes? Quise ir en el auto contigo, pero era un monoplaza, además, aún no era mi momento. Aunque sé que no lo necesitabas, te deseé suerte en tu viaje; yo sabía, con toda seguridad, que no la necesitabas. Aceleraste y un rugido hizo temblar el aire. Arrancaste, mirándome con tus grandes ojos oscuros y tu cabello bien peinado, y te llevaste al sol contigo descubriendo un cielo oscuro, vacío, a tus espaldas, sobre mí; dejando una estela de silencio que se prolongaba en todo el espacio que ibas abandonando.

Lamenté tu partida, añorando. Levanté mi mano para despedirme, a pesar de que no la verías. Te deseé paz.

jueves, 10 de julio de 2014

... mientras un beso alcanza al espejo

No puedo vivir sin ti, cariño
sí podría, pero es una opción que prefiero desechar
¿sabes por qué?
porque eres especial, muy especial
Esperarme por horas horas horas
darme ese regalo que consideras único,
un trabajo artesanal,
producto de pernoctar
una obra maravillosa que irá a parar a un desván
(como mucho)
Un obsequio que me da felicidad por cinco minutos,
porque, bueno, debo ir a hacer lo mío
tú me entiendes ¿verdad?
Me entiendes, claro que sí
porque conoces mi mundo
(eso es lo que crees)
sabes lo atareado que puede llegar a ser
estoy aquí, luego debo ir allí,
firmar contratos por docenas
viajar por todo el mundo y sufrir el terrible jet lag
Tú me comprendes y sabes cómo soy,
pero no te importa
Te lo repito, cariño
eres especial
como tantos otros que se desviven por hablarme, escucharme
por tocarme
y te necesito (no)
no es a ti realmente
a tu atención,
estar siempre en tu mente
es una droga que me atrapa;
así no te conozca, y te confieso:
no me interesa hacerlo,
porque no estás a mi altura
No sé si eres hombre o mujer
no me preocuparé en averiguarlo
Nunca lo haré
De ti sólo me interesa el fanatismo que me profesas
eso que llega a ser enfermizo,
qué más da
lo importante es que compartimos la misma obsesión:
el amor por mí.
Sueñas con estar conmigo, con ser yo;
no despiertes, es mejor para ambos, porque
tú vives de ese sueño
mientras yo lo vivo a diario,
y los dos estamos bien así.
No me olvides.