martes, 21 de octubre de 2014

Elección

Caminar con vos bajo un cielo indeciso, bipolar, gris manchado de azul que derrama sudor frío sobre nosotros; charlar, recorrer las calles angostas “como de pueblo” decís; visitar los recuerdos de una época en la que la timidez se ocultaba en el ginebra y la noche se convertía en un pacto de lujuria disimulada. Discutir la vida sobre el asfalto, ver pasar las casas adornadas con espectros y arañas gigantes en sus balcones; olvidar el mundo, apoderarnos del tiempo abrazados por la fría brisa de octubre. Ambos deseamos al unísono el pitazo de un vicio abandonado, no olvidado, añoramos el gusto amargo del tabaco en nuestras narices al salir el humo.

Caminar con vos por una calle de barrio, disfrutar tu perfil, observar tu boca colorada realizar acrobacias sobre tu mentón; analizar los cambios en tu expresión, haciendo conjeturas de lo que se gesta y muere constantemente en tus pensamientos; ver tus ojos invocando felicidad más allá de las montañas, donde el azul se tiñe de un rosa apenas perceptible que identificas fácilmente como a cualquier color engañoso que se cruce en tu mirada.

Alguna vez me dijiste que quizás caminaríamos separados, viéndonos a la distancia, buscándonos en la ilusión. No quiero eso; prefiero estirar el camino en tu compañía, alejar el destino de nuestros pies así como se aleja la eternidad en el tiempo cuando nos vamos juntos por la ciudad y charlamos de nosotros, de lo que nos importa.

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